Ventana al mar
Con el tema principal de Odisea en el espacio, interpretado magistralmente por Nónimo en un kazú y con un hermoso atardecer, los clowns desembarcaron ayer en la Ventana al mar. Después de una larga y sinuosa travesía, como siempre, estaban hambrientos y deseaban encontrar algo para saciar su hambre después de días y días de navegación y escorbuto.

Nónimo, Matilde y Eutanasia experimentaron las maneras más extravagantes posibles para obtener un pescado, entre ellas, pensaron que drenar el mar de Pacífico quitando un tapón era una excelente idea. Al secarse el mar por completo, los clowns se vieron inmersos en un universo alterno lleno de pasadizos secretos e incomunicación. Al darse cuenta de lo descabellada que había resultado su idea, y por medio de complicadas acrobacias, abrieron las gigantescas llaves de paso que permitieron al mar volver a nacer y reestablecer el orden natural de las cosas (¡ooh!).

Y como todas las historias, esta no terminó bien. Cuando ya creían haber dominado a la naturaleza y con el pescado en sus manos, un error de cálculo los arrastró, con lancha y todo, hacia una cascada que desembocaba en un bravo mar. Cuando el último clown desaparecía, un trueno se dejó oír por todo el malecón.
Todos temimos lo peor, pero pasados unos minutos de tensión, uno por uno los clowns fueron saliendo salvos (y mas o menos sanos) a la playa. Los espectadores respiraron tranquilos, a sabiendas de que, aún con rasguños y moretones, Eutanasia, Matilde y Nónimo podrían seguir su camino.

Mercado El Zorrillo
Domingo, día de mercadito. Nónimo, Matilde y Eutanasia se lanzaron al cañón Buenavista, Mercado El Zorrillo. Los clowns recorrieron las dos calles del mercado mientras curioseaban los puestos buscando algo de comer. Con lo que no contaban era con la calurosa recepción que los integrantes del mercado les proporcionaron: los niños se unieron a la caminata del trío a lo largo de la calle y los tenderos los saludaban y sonreían.
Cuando terminaron el paseo, aún tenían la panza vacía y sus bolsillos también, pero eso no fue impedimento para que, gracias a la generosidad de las personas, los visitantes se dieran un atracón de galletitas, aceitunas, chicles y otras delicias que la gente del lugar les obsequiaba. Como agradecimiento, los clowns suspendieron su búsqueda de comida y se integraron por completo con los niños, quienes tratado de agotar su curiosidad, preguntaban por toda la historia de los curiosos personajes: familia, hábitos alimenticios, cotidianeidad, cómo se habían conocido, a dónde iban y cuándo volverían.
Los clowns abandonaron el mercado como no queriendo, pero se fueron satisfechos porque El Zorrillo y su gente fue una muestra total de graitud y generosidad.
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Tres clowns en el hospital general
Las doctoras Matilde y Eutanasia reciben a la recién nacida serpiente.
Nónimo malabareando
Nónimo hace malabares al ritmo de la música.